Crítica publicada en la revista On Line Otros Cines
Autor: Diego Battle
Ganadora del premio Fondo Cultura BA que otorga el gobierno porteño (dotado con 80.000 pesos para la posproducción y la ampliación a fílmico) y presentada por primera vez en el Festival de Buenos Aires 2006, esta mezcla entre el diario autobiográfico y el ensayo sociológico se centra en el propio derrotero de este periodista nacido en 1968, que vivió durante seis años en Barcelona antes de su regreso a Buenos Aires en 2005, y en otra media docena de historias de vida que, de alguna manera, condensan la multiplicidad de variables (políticas, laborales, económicas, afectivas) que llevan a alguien a emprender el exilio, a terminar con él en un determinado momento o a sostener una radicación definitiva con el objetivo de la plena integración.
Colaborador de medios como el diario Perfil, Página/12 y las revistas Tres Puntos y La Maga, egresado del prestigioso Centro de Estudios Cinematográficos de Barcelona, nominado al premio Goya por el guión del corto Cara sucia, Criscolo dedicó sus últimos tres meses en Cataluña, con su vuelta definitiva a Buenos Aires ya decidida, a recuperar las sensaciones íntimas de ese final de una etapa en la vida, pero también a registrar (con toda su carga de miedos, angustias, miserias, sueños y logros) las experiencias de otros exiliados argentinos de distintas edades (jóvenes que huyeron de la última crisis, adultos que se fueron durante la dictadura militar o escapando de algún desengaño amoroso) y de muy diversos trabajos (desde un panadero hasta un par de periodistas, pasando por un músico o un economista).
El director rodó casi compulsivamente durante ese corto lapso más de 60 horas de material que decantaron en los algo excesivos pero interesantes 117 minutos que dura un relato que contó con el invalorable aporte de Tayo Cortés en fotografía y cámara y de Alejandra Almirón en la edición.
No todas las historias de El exterior despiertan el mismo interés ni alcanzan la misma profundidad y/o sensibilidad, pero hay varios momentos (como la discusión entre una mujer que está desesperada por volver a Buenos Aires y su marido panadero que se aferra con todo a su tierra adoptiva) que muestran en toda su dimensión y complejidad las fuertes contradicciones y esos múltiples matices que suelen ser tan difíciles de reflejar en el terreno cinematográfico. La última secuencia, cuando Criscolo filma el desmantelamiento de su casa catalana, no sólo describe una nueva tendencia (la de aquellos que deciden pegar la vuelta) sino que alcanza una potencia emotiva de alto impacto que lo posiciona como un cineasta para tener muy en cuenta.