Artículo publicado por la agencia de noticias Telam (16/09/07)
El director argentino, que se fue a Barcelona y decidió volver seis años después, aborda en su primer documental las distintas sensaciones al dejar el país. “No quise hacer un estudio sociológico sino el retrato de una realidad que me rodeaba”, sintetizó. El filme se proyecta en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires.
Sergio Criscolo, un argentino que se fue a Barcelona y decidió volver seis años después, aborda en “El exterior”, su primer documental que este fin de semana inició proyecciones en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires, la sensación que “no había un conocimiento de lo que se siente vivir afuera”, según contó.
“Todo el mundo cree que se vive de maravilla y en un aspecto es así, pero cuando uno está allá no es fácil: ni nos están esperando ni uno construye su historia de un día para el otro y esas cosas se echan en falta”, resumió Criscolo en charla con Télam.
Periodista desde 1991 pero ahora lejano a ese oficio, se mudó con su esposa y el pequeño hijo de ambos a Barcelona en 1999 donde nació un segundo hijo y estudió la carrera de dirección de cine en el Centre d’ Estudis Cinematografics de Catalunya, hasta que decidió emprender el camino del regreso.
El director de los cortos “Tierras” (2001) y “Libre competencia” (2002), comentó que para encarar el debut como largometrajista “me impulsó el hecho que yo me estaba volviendo y sentía que había conocido historias que quería se conocieran un poco en la Argentina”.
Desde lo íntimo y aparentemente pequeño, Criscolo abre un abanico de situaciones de argentinos radicados en Barcelona para, confesó a la distancia, “preguntarle al otro cosas que yo no terminaba de resolver”. “Era una excusa -concedió- para tratar de indagar en los otros sobre mi propia realidad y tratar de responder a mis propias dudas”.
Aprovechando las amistades, la película sobrevuela las sensaciones del director y también la encrucijada de la pareja de Pablo Goyocochea y Ana Inés Kukurutz y las definiciones de Susana Britez, Hernán Ameijeiras, Eduardo Landsman, Juan Villarreal y Agustín Matías Tartari. Desde una emotividad cercana, el cuento se asoma a una atmósfera de “no pertenencia”.
Para Criscolo “no es que te traten mal, sino que es algo más existencial, pero aún así no quise hacer un estudio sociológico sino el retrato de una realidad que me rodeaba”, sintetizó.
Autor del guión del cortometraje “Cara sucia” (2004) que estuvo nominado a los premios Goya, apuntó que “la decisión de hacer el documental fue bastante impulsiva y cuando lo empecé a filmar ya había decidido volver, con lo cual muchas cosas ya estaban pensadas”.
Consultado acerca de la experiencia personal en torno al desarraigo, relató que “lo que siento es que una vez que te vas, en un punto estás jodido. En tu cerebro y en tu corazón entró una grieta”. “La manta que a uno lo cubre en su país se achica cuando se decide vivir fuera de donde se crió y nunca te vas a sentir del todo cómodo en ninguno de los dos lugares, aunque vuelvas.
Si seguís afuera nunca vas a ser 100 por ciento vos y si volvés dejaste un pedazo tuyo allá”, graficó. Poniendo en carne propia esa dicotomía, comentó que “decidí volver por los afectos y porque pensé que un mejor lugar para que se crien mis hijos no es necesariamente estar a 30 minutos de la vida que a 30 minutos de los abuelos.
Pero extraño Barcelona y allá dejé muy buenos amigos”. A la vez que se encargó de la producción general de los ciclos “Arte cifrado” y “T de Tango” -ambos de Canal (á)- prepara el guión de su próximo proyecto, un largometraje de ficción cuyo título tentativo es “Una novela familiar”.