Quedándose o yéndose

By elexterior

Artículo publicado en el diario Clarín (15/09/07)
Autor: Miguel Frías / Foto: Gerardo Dell’ Oro

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El karma del emigrante es que, una vez que echa raíces en otro país, ya no vuelve a ser el mismo. Ni allá ni acá: aunque regrese a la Argentina, jamás volverá a ser él en un ciento por ciento”. Dice, con conocimiento de causa, Sergio Criscolo, director de El exterior.

En 1999, cuando la Argentina se hundía en la crisis que eclosionaría a fines de 2001, él se radicó en Barcelona. Volvió seis años después: durante ese tiempo, rodó un documental, mezcla de dilema testimonial (íntimo y colectivo) con exorcismo.

“Tomé la decisión de hacer la película en Barcelona, cuando ya había decidido volver a la Argentina -explica-. Ahora, a la distancia, siento que transformé el dolor en un hecho artístico. Decidí filmar una situación irrepetible: mi propia mudanza, con mi familia, con toda la carga emotiva que implicaba. Por otro lado, mostré historias muy diversas: de argentinos que querían volver, de argentinos que querían quedarse en Barcelona. Gente que porta distintas formas de nostalgia: nostalgia que es como un virus latente, que puede o no enfermarte.”

Para acelerar el trabajo de campo, optó por centrarse en conocidos: argentinos radicados en Barcelona, con ideas y sensaciones contrapuestas sobre la condición de inmigrante. Hay una pareja que debate sus conflictos en cámara -con calma pero firmeza- y genera una intensidad dramática difícil de empardar en la ficción. “La psicología humana es asombrosa. Frente a cámara, las dos parejas que aparecen en El exterior se hicieron preguntas que no querían o no podían formularse en la intimidad, y se dijeron respuestas que no querían o no podían escuchar antes.”

El realizador, de 39 años, cree que se subestima los efectos del fenómeno migratorio actual. “En Barcelona, yo decía que la mitad de mis compañeros de colegio era de origen español, y la otra mitad italiano, y no podían creerlo. Acá pasa lo mismo. No hay conciencia de la cantidad de argentinos que viven en Europa. Personas que se fueron en su plenitud. Se habla de la fuga de cerebros, pero emigró gente de todos los oficios. Eso no es gratuito para ninguna sociedad. Hay familias separadas, amigos, parejas: todavía no tomamos total conciencia de los efectos.”

Criscolo vive nuevamente en Buenos Aires, con la sensación de que “fragmentos de mí, de mi vida, se quedaron allá”. Es, va a seguir siendo, rehén de una nostalgia que no lo paraliza pero tampoco lo abandona. “En 2001 no había día en que no me preguntaran por las chances de vivir en Barcelona. Ahora me preguntan si es verdad que acá se está mejor que antes y sobre la decisión de volver. Cuando uno se va a otro país se abre una fisura que puede doler o no, pero que no cierra. Las dudas no se terminan: se profundizan. No tengo respuestas generales. En mi película preferí poner el foco en conflictos y dilemas.”

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